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Derecho sucesorio

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DERECHO SUCESORIO

1. SUCESIÓN. CONCEPTO
En el lenguaje jurídico, el término sucesión se emplea, tiene un significado a su vez una acepción amplia y otra restringida:
Acepción amplia
Se entiende por sucesión al cambio de titular de un derecho subjetivo o vinculo jurídico, o lo que es lo mismo, la substitución de una persona por otra en una relación jurídica; de manera que, en este sentido, habría sucesión no solo por causa de muerte (mortis causa), sino que el cambio puede operarse también entre vivos (inter vivos), como sucede por ejemplo con la compraventa en virtud de la cual el comprador es sucesor del vendedor, por cuanto le substituye en el ejercicio de todos los derechos que sobre la cosa objeto del contrato correspondían a éste ultimo.
Acepción restringida:
Sucesión se refiere al cambio de titular en el conjunto de las relaciones jurídicas de una persona por fallecimiento de ésta.
* También se suele emplear la palabra sucesión con referencia a la masa de los bienes pertenecientes a un difunto o, si se prefiere, a la situación en que queda en conjunto de los bienes (corporales, incorporales, activos y pasivos) de una persona después de su fallecimiento. En cuyo caso se la toma, como sinónimo de herencia.

2. CLASES

Matrimonio de la mujer cum manu de una sui juris
Adrogación de un sui juris
A titulo universal Venditio bonorum
Legitimación
Intervivos
Compraventa
A titulo singular Macipatio
Traditio,
Sucesión Cesión de créditos, etc.

A titulo universal Testamentaria
Ab intestato (sin testar) o legítima

Mortis causa
Legado
A titulo singular Donación mortis causa

3. SUCESIÓN MORTIS CAUSA
La sucesión por causa de muerte, en la que el fallecimiento de una persona es el fundamental que le da nacimiento, como la causa que provoca el efecto, es un acto jurídico, que nace por la voluntad del testador o por imperio de la ley.
Objeto de la sucesión mortis causa es un conjunto de relaciones jurídicas o una relación singular que entran en el circulo de los derechos patrimoniales. Por consiguiente, el derecho de sucesión por causa de muerte, en buena medida, esta vinculado con los derecho reales y creditarios u obligacionales. La adquisición de un patrimonio como tal o de los elementos singulares que lo componen, constituyen su materia. la sucesión es, en efecto, uno de los modos de adquisición de derechos patrimoniales.
Aunque de contenido esencialmente patrimonial, la herencia podía integrarse con algunos elementos extra-patrimoniales accesorios; como el culto familiar de los antepasados (sacra privata), el derecho de sepulcro (jus sepulcrii) y el derecho de patronato sobre los libertos (jura patronatus). Éste último sólo podía ser heredado por los hijos y hasta el padre estaba autorizado, en virtud de un senadoconsulto, a excluir de la sucesión a alguno de sus hijos herederos.

4. CLASES
A) La sucesión mortis causa a titulo universal, el heredero adquiere íntegros los derechos y el patrimonio del difunto, continuando su persona. Y si los herederos son varios, cada uno de ellos sucede al causante en una parte indivisa, lo que implica que todos son sucesores en cada uno de los derechos y obligaciones transmitidos, en proporción a su parte de la herencia.
Según su origen en el derecho civil o pretoriano:
– herencia o hereditas
– posesión de los bienes o bonorum possessio
Según la forma de transmisión, la sucesión por causa de muerte a titulo universal puede ser:
– ab intestato o intestada
– testamentaria

B) La sucesión mortis causa a titulo singular sucede cuando no comprende la totalidad de los derechos y obligaciones de que era titular el causante sino una parte de ellos (aunque esa parte sea muy importante), tal como el caso del legado o la donación mortis causa.

5. LA HEREDITAS
Institución del derecho civil, consiste en el conjunto de derechos y obligaciones que integraban el patrimonio del causante (de cuius) o como dicen las fuentes, la sucesión de todo el derecho que tenia el causante, salvo los derechos que se extinguen con la persona de éste o personalísimos (como usufructo, uso y habitación, derechos que derivan de su condición de marido, ciertos derecho de crédito cuyo objeto consistía en prestaciones personales, como el mandato, sociedad, locación de servicios y de obras, algunas acciones penales, etc.).
La sucesión del heredero es siempre a titulo universal. Aun siendo varios los herederos, ya sea por partes iguales o desiguales, la cuota parte que recibe cada uno es a titulo universal. Mientras no se pida la partición de la herencia por la actio familiae eriscundae, rige un estado de comunidad hereditaria.
Llamado a recibir la hereditas era el heres, o sea, el heredero según el derecho civil, cuya investidura provino de las XII Tablas y más delante de los senadoconsultos y de las constituciones imperiales. Se trataba de un sucesor de toda la herencia, es decir, un sucesor universal, no particular. Como tal, se hacía dueño del conjunto, ya que era continuador de la personalidad jurídica del de cuius. Esta condición le permitía exigir los créditos del que era titular el causante, a la vez que se obligaba por las deudas de éste, obligación que era ilimitada, esto es, que no se reducía a los valores positivos que contuviere la herencia, sino que iba mas allá de los bienes heredados (ultra vires hereditatis), en pérdida del patrimonio del heres, y aún de sus futuras adquisiciones.
Justiniano establecerá, a favor de todos los herederos la posibilidad de ejercer el beneficium inventarii, que les permite limitar su responsabilidad al monto de los bienes hereditarios. Asimismo le concederá a los acreedores de la herencia el poder usar de la separatio bonorum, de tal modo que podrán con preferencia a los acreedores del heredero, cobrar sus créditos con los bienes hereditarios.
En Roma, quien estaba investido de la calidad de heredero no podía dejar de serlo, por la aplicación de la regla “semel heres, semper heres”. Pero había que distinguir entre los herederos en sentido genuino, los heredes sui (a los que se equiparaban los esclavos instituidos por sus amos), y otros herederos legítimos o testamentarios. Los primeros eran herederos necesarios, pues adquirían tal investidura por el hecho de la muerte del de cuius; los otros, eran voluntarios, ya que sólo se hacían herederos cuando aceptaban la herencia.

Formas de deferir la hereditas:
La herencia se confirma por la voluntad del testador (herencia testamentaria) o por la ley (herencia ab intestato).
Lo primero que hay que averiguar cuando muere un sui juris es si ha dejado testamento valido, en cuyo caso se abre la herencia testamentaria, siguiendo lo establecido en el testamento.
Si el de cuius no ha hecho testamento, o éste es invalido o ineficaz, entonces se abre la herencia ab intestato.
Pero la herencia, en principio, es testada o intestada, no podrá ser “en parte testada, y en parte intestada”. De este modo, si un testador instituía a varios herederos asignando a cada uno de ellos una cuota determinada, el total de ellas debe agotar el caudal hereditario. Si sumando todas las cuotas fijadas no se alcanza al total de dicho caudal, el remanente no va a los herederos ab intestato, sino que acrece proporcionalmente a las cuotas de los herederos instituidos.

6. LA BONORUM POSSESSIO
Sucesión pretoriana del conjunto del patrimonio del difunto. Junto a la hereditas, el pretor fue integrando un verdadero derecho sucesorio mediante una serie de disposiciones edictales y decretales en virtud de las cuales asignaba un señorío de hecho o bonorum possessio a personas que no siempre eran herederos de conformidad con las normas del jus civile. En la bonorum possessio no se daba propiamente el fenómeno jurídico de la sucessio, pues el bonorum posesor no sustituía al difunto ocupando exactamente su lugar. No era, como el heres, continuador de la personalidad jurídica, sino meramente un loco heredis. Por tanto, no se presentaban en el derecho pretoriano los efectos que tal condición jurídica acarreaba al heredero civil, relativos a la confusión de patrimonios y, por ende, a la responsabilidad ultra vires hereditatis. Tampoco se operaba la transmisión de la propiedad quiritaria de la cosa que formaban el acervo sucesorio, sino sólo la posesión de ellas, que podía convertirse en propiedad por virtud de la usucapión.
La labor pretoriana de complemento y corrección del derecho civil se hizo sentir en materia de sucesión, tanto testada como intestada. Respecto de la sucesión testada, tornó más fáciles y accesibles la forma de testamento a la par que concedió la bonorum possessio a personas que eran instituidas por testamentos ineficaces de acuerdo con el jus civile. Con respecto a la sucesión intestada, el pretor fue reemplazando la antigua organización gentilicia y familiar, base de la primitiva sucesión intestada, por una comunidad de personas unidas al difunto por vínculos de sangre, cognados, fundamentando así la sucesión en la familia natural. Las trascendentales reformas realizadas por el pretor en la esfera del derecho sucesorio por medio del institución de la bonorum possessio, permiten sostener que fue en esta materia donde llevo a la practica su más importante corrección de las antiguas normas del derecho civil.
En cuanto al acto de adquisición, la bonorum possessio no podía adquirirse ipso jure como la hereditas. Debía ser solicitada por el interesado y concedida por el pretor, no solo cuando el caso no estaba previsto en el edicto, sino también cuando lo estaba. La petición debía formularse durante un año útil para los ascendientes y descendientes y 100 días para los demás sucesores, plazos que se contaban desde que se tenía conocimiento de la muerte del autor de la sucesión. Se podía hacer la presentación por medio de representantes, posibilidad que no le cabía al heredero voluntario respecto de la hereditas.
Para reclamar la posesión efectiva de la herencia concedida por el magistrado, el bonorum possessor contaba con un interdicto restitutorio designado con el nombre de “quorum bonorum”.

Distintas especies de bonorum possessio:
A) BASADA EN LA FORMA DE LLAMAR A LOS HEREDEROS A RECIBIRLA:
– Bonorum possesio edictalis: se concedía en los casos previstos por el edicto y se confería de pleno derecho mediante la presentación de un simple libelo.
– Bonorum possesio decretalis: se otorgaba como consecuencia del imperium del magistrado en hipótesis no prefijadas en el edicto. Exigía un previo conocimiento de la causa (causa cognitio). Casos de bonorum possesio decretalis, en los que la posesión de los bienes se daba provisionalmente fueron:
Bonorum possessio ventris nomine, concedida a la madre viuda que había quedado embarazada;
Bonorum possesio furiosi nomine, otorgada a petición del curador del demente;
Bonorum possessio ex edicto carboniano, se confería al hijo impúber cuya legitimidad era discutida mientras duraba la controversia.

B) BASADA EN LOS EFECTOS:
– Bonorum possesio cum re: ésta tenía quien el pretor sostenía como tal, incluso frente al heredero civil. en este caso el magistrado corregía radicalmente al derecho civil, pues daba al heredero pretoriano una posesión firme y definitiva que lo hacia dueño de la herencia aun antes de hacerse propietario civil de los bienes por usucapión.
– Bonorum possesio sine re: contaba quien tenía una posesión meramente provisional y mantenida mientras no apareciera el heredero civil (a menos que se hubiera operado la usucapión a su favor). En este caso el magistrado confirmaba o suplía al derecho civil sin oponérsele abiertamente.

C) BASADA EN EL MODO COMO SE LA DEFERÍA:
Por fin, la bonorum possessio podía ser testamentaria (bonorum possessio secundum tabulas) intestada (bonorum possessio sine tabulis o ab intestato) o forzosa (bonorum possessio contra tabulas). Esta última especie operaba como una defensa por el pretor a favor de aquellos herederos que siendo reconocidos como tales por el edicto, hubieran sido omitidos o desheredados sin justa causa por el testador (Ej. para el caso de la filia relegada por su pater en el testamento)

7. CLASES DE HEREDEROS
Desde el punto de vista de la adquisición de la herencia podemos distinguir diversos tipos de herederos:
A) NECESARIOS
Un testador, cuando tenía dudas acerca de la solvencia de su patrimonio, solía instituir heredero a su esclavo propio, al cual le otorgaba al mismo tiempo la libertad o manumisión en el testamento. Hacía esta institución previendo que si luego de su muerte no se podía pagar las deudas y los acreedores iniciaban su cobro por la bonorum venditio, la nota de infamia que acompañaba este procedimiento no recaería ya sobre su memoria, sino sobre el esclavo manumitido.
Es llamado heredero necesario (necessarius heres) porque inmediatamente después de la muerte del testado, aun en contra de su voluntad, es libre y heredero. No pueden rechazarla. El origen de la regla debe ser buscado en los perjuicios que significaba morir sin dejar herederos: se extinguía el culto privado; no había quien pagase las deudas del causante sobre el cual podía recaer entonces la tacha de infamia. Como era muy difícil que algún otro tipo de heredero aceptase su herencia, si el difunto era insolvente, se recurría entonces al esclavo, quien no podía negar su aceptación, lo cual era en definitiva lo justo, ya que fueren cuales fuesen los compromisos que el titulo de heredero acarreasen, ninguno podía equipararse al beneficio que se le otorgaba al manumitirlo.
Como ventaja quedaba todavía al heredero necesario la posibilidad la separación de sus bienes propios de los hereditarios. Con este recurso resguardaba a aquéllos bienes adquiridos después de la muerte del patrono frente a la acción de los acreedores del difunto, así no entraban en el computo de la venditio bonorum, aunque no evitaba la tacha de infamia, porque los bienes de la sucesión se vendían no en nombre del causante, cuya memoria quedaba entonces a salvo, sino en el de su sucesor.
B) SUYOS O FORZOSOS
Se trata de las personas que al momento de fallecer el causante, se encontraban sometidas a su patria potestad o a su manus. Así como los hijos concebidos pero aún no nacidos al fallecer el padre (póstumo). Es decir hijos e hijas (sanguíneos o adoptivos), lo mismo que la uxor in manu, que se ubica en lugar de hija (loco filiae).
Son determinados “suyos”, porque en vida del pater, en cierto modo están considerados como propietarios: de aquí que muerto aquél ab intestato, son los primeros llamados a sucederlo. Son denominados “necesarios” porque en todos los casos, lo quieran o no, tanto ab intestato como por testamente, se hacen herederos.
Adquieren la herencia aun sin su consentimiento y a pesar de él. No es preciso que acepten expresamente, porque se presume la tácita aceptación si utilizan o disfrutan de cualquier manera los bienes hereditarios.
– Ello era así en virtud de que, por la proximidad de parentesco, existe entre los herederos suyos (heredes sui) y el difunto, se consideraba que aquellos eran los naturalmente llamados a continuar los derechos del causante sobre las cosas de su propiedad. Cosas en la que vulgarmente, se los consideraba asociados en una suerte de condominio, y a las que usualmente, aun en vida del pater, acostumbraban llamar “suyas”. Es por esto que la correcta designación de éste orden de herederos no es la de “suyos”, sino “de lo suyo”. Reciben a titulo de herencia lo que siempre manejaron y dispusieron (porque era de su padre) como propio.
– los sui heredes adquieren su posición de sucesores de forma automática (ipso jure) con la muerte del pater. No interesa que sean incapaces de hecho (caso del infans o del impúber o del furiosus). Incluso son herederos aun cuando su voluntad sea contraria.
– para paliar este rigorismo intervino el pretor, quizá ya en el ultimo siglo de la República, concediendo al suus heredes la posibilidad de “abstenerse a la herencia”, lo cual tenia el efecto principal de liberarse de la responsabilidad por las deudas cuando éstas eran muchas y superaban el acervo hereditario.
– el jus abstinendi no debía ser pedido al pretor. Los sui heredes lo adquieren simplemente por no inmiscuirse en la herencia paterna, y de este modo evitaban la eventual bonorum venditio a su nombre, realzándose ésta a nombre del difunto. Si los acreedores pretenden inicial la bonorum venditio contra el heredero que se ha abstenido, el pretor lo protege mediante una denegatio actionis.
C) VOLUNTARIOS O EXTRAÑOS
Se trata de todos los demás no comprendidos en las clases anteriores. Todos los herederos que no sean ni suyos ni necesarios, se consideran voluntarios. Son llamados “extraños”, por cuanto no estaban sometidos a la potestas del causante. También son denominados “voluntarios”, porque no adquieren la herencia automática (ipso jure) sino de algún modo tienen que expresar su voluntad de aceptar ser herederos. Son libres de aceptarla o rehusarla, y, si no manifiestan expresa o tácitamente su voluntad de recibirla, se considera que la han rechazado. La aceptación de la herencia es denominada “adición de la herencia” (aditio hereditaris).
En este caso entran personas totalmente extrañas a la familia (como un amigo del testador), como también los hijos que han dejado de estar bajo la potestas del testador (los emancipados y los dados en adopción). Igualmente si la madre hacia testamento instituyendo a sus hijos, éstos son “extraños” puesto que no tiene la potestas sobre ellos. También el esclavo que fue manumitido en vida del testador y hecho liberto, si se lo instituye heredero será “extraño”. Es diferente del “heredero necesario”, puesto que éste es manumitido post mortem del testador, precisamente con el testamento.
En el derecho clásico hubieron dos modos de aceptar la herencia por parte de esta clase de herederos: la pro herede gestio y la cretio. Ya en época de Justiniano se producen algunas reformas.

8. MOMENTOS EN LA ADQUISICIÓN DE LA HERENCIA: LA DELACIÓN Y LA ADICIÓN
Etapa necesaria de la sucesión morits causa era la delación de herencia (delatio hereditatis), esto es el llamamiento a la sucesión, la que podía hacerse por voluntad del causante expresada en un testamento (ex testamento) o por imperio de la ley (ab intestato). La delatio hereditatis tenía lugar por la muerte del autor de la sucesión, es decir, al cumplirse la condición legal necesaria para que los actos mortis causa comenzaran a producir sus efectos. El llamamiento a la herencia no podía hacerse por un contrato hereditario mediante el cual el causante designara como heredero o legatario a la otra parte o a un tercero, porque tal convención se considera invalida a las buenas costumbres y, consiguientemente, nula.
La adquisitio hereditatis constituía, por su parte, la etapa en que la herencia era adquirida por el sucesor. Algunos herederos calificados de “necesarios”, lo hacia de pleno derecho (ipso jure), es decir, sin su consentimiento, y hasta contra su voluntad. En tal situación, se encontraban los filii familias sometidos a la potestad del causante al tiempo de su muerte y el esclavo manumitido en el testamento e instituido heredero por su amo. Para los otros herederos, denominados “voluntarios”, la adquisición de la herencia se producía previa aceptación, que se efectuaba por medio de un acto jurídico llamado aditio o adición.

9. LA HERENCIA YACENTE
Existen dos momentos en el proceso de adquisición de una herencia: el primero cuando la misma es deferida al eventual heredero, cosa que tiene lugar al fallecer el causante. Tal momento recibe el nombre de delación. Y el segundo, cuando el sucesor la acepta, cosa que se denomina adición o aceptación. Entre delación y adición, media el lapso durante el cual el eventual heredero voluntario se encuentra haciendo uso de su jus deliberandi (derecho del heredero de meditar sobre su conveniencia de aceptar o no la herencia en un determinado plazo), lapso durante el cual la herencia, que se encuentra sin titular, se denomina yacente. Igualmente, aun tratándose de un suus heres, si había sido instituido bajo condición, hasta que ésta se cumpliera, o tratándose de un heredero póstumo, hasta que se produzca su nacimiento.
En el lapso intermedio la herencia está en una situación muy particular. Se habla entonces de una herencia que “no tiene aún heredero, pero espera tenerlo” (hereditas yacens). Por ello, no hay que confundirla con la “herencia vacante”, situación que se produce cuando, por ejemplo, nadie ha aceptado la herencia, pues en este supuesto la herencia “no tiene heredero ni espera tenerlo”.
Sucedía que estos bienes se consideraban res nullius, y si alguien se apoderaba de alguna cosa no cometía furtum. Materialmente, se trata de una universalidad de bienes que no tiene dueño, y es jurídicamente una unidad la cual, por imperio de una ficción, se considera representado a su anterior titular como si éste todavía viviese. Así, por ejemplo, el esclavo que perteneció al causante, continúa in potestate, pero sin dominus; o también los créditos a favor de la herencia, lo mismo que las deudas, quedan subsistentes, pero careciendo de titular concreto, activo o pasivo, no pueden ser ejercidas. Como el heredero acepta la herencia (adición) sólo entonces adquiere la titularidad del dominio y de las obligaciones, así cuando lo aceptaba, la herencia se retrotraía al momento de la muerte del causante.
Pero uno de los problemas principales de la herencia yacente era la carencia de ejercer la actio furti respecto de las cosas sustraídas. Como los juristas no pudieron restringir la ausencia del furtum, por cuanto además estaba implicada la usucapio pro herede, lo que hicieron fue sancionar como delito el despojo de la herencia, mediante la sanción por Marco Aurelio del crimen explilatae hereditatis, aun que se recalca que pese a ello, no se concede la actio furti en el caso de la “herencia yacente”. En otros casos –así, por daños injustos sufridos por un esclavo hereditario–, se otorga la actio legis Aquilae al heredero; o si fue arrebatada una cosa con violencia o con clandestinidad, se le concede al heredero el interdicto respectivo. También, mientras estuviera yacente la herencia, el pretor podía nombrar un curador de los bienes. En la época posclásica, la herencia fue considerada como una persona jurídica.

10. LA SEPARATIO BONORUM
La separatio bonorum era un beneficio que podía ser invocado por los acreedores de la herencia (es decir, acreedores del de cuius) para hacerse pagar con preferencia sobre los bienes de la herencia, antes que los acreedores personales del heredero. De este modo, dichos acreedores podían cobrarse con todos los bienes de la herencia, mientras que los acreedores del heredero sólo podían hacerlo luego de haber intentado cobrarse los acreedores del causante con los bienes hereditarios. Los acreedores del heredero se beneficiaban si quedaba algún excedente de la herencia, pudiendo ejecutar sus créditos con el sobrante y, obviamente, con los bienes propios del heredero.
Los únicos que podían pedir la separatio bonorum eran los acreedores del causante. Tenían el plazo de 5 años, a partir de la aceptación de la herencia, para pedirla, siempre y cuando vigente dicho plazo no se haya producido una confusión entre ambos patrimonios.

11. EL BENEFICIO DE INVENTARIO
La aceptación de herencia con beneficio de inventario (beneficium inventarii) reconoce su origen en una constitución de Justiniano del año 531. Está concebida en beneficio de todos los herederos, y así el heredero que “acepta la herencia con beneficio de inventario” no queda obligado a pagar a los acreedores del causante más allá del monto de los bienes hereditarios, dejando a salvo su patrimonio propio. Si no se hacía el inventario, por supuesto, el heredero tiene una responsabilidad ultra vires hereditatis, donde responde de forma plena. Así, el beneficio es una excepción a esta responsabilidad, una responsabilidad intra vires hereditatis (hasta el monto de los bienes hereditarios).
Las formalidades a cumplir para tener este beneficio eran las siguientes:
– El heredero debe aceptar la herencia, pero dentro de los 30 días de la delación de ella, debe comenzar a hacer un inventario ante un escribano (tabularis).
– Dicho inventario debía estar terminado en un término de 60 días; se podía extender a un año si los bienes estaban en distintos lugares.
– Debía ser hecho en presencia de los legatarios, fideicomisarios y acreedores, o si ellos estuvieran ausentes, en presencia de 3 testigos que posean bienes y residan en el mismo lugar.
– El heredero debía poner su firma (subscriptio) declarando que no ha tomado ningún bien de la sucesión. Si se probara lo contrario, es condenado a devolver el duplum.
– Luego pagaba a los acreedores a medida que éstos se presentaban. Los acreedores hipotecarios era preferidos a los quirografarios, y éstos a los legatarios. Para poder pagar, el heredero podía vender privadamente los bienes de la sucesión y descontando los gastos de conservación efectuados. Si sobraba algo, después del pago de las deudas y de los legados, quedaba para el heredero. Si el saldo fuese deudor (hereditas damnosa), no respondía más que con el resto de la liquidación del activo, quedando a salvo sus propios bienes y patrimonios.

12. LA PETICIÓN DE HERENCIA
La acción de petición de herencia (actio petitio hereditatis) está destinada a hacer reconocer el carácter de heredero del derecho civil cuando alguien le niegue, que la tiene el heres, a los efectos de que sea declarado heredero y reclamar que le sea atribuida la hereditas.
Corresponde al heredero que no está en posesión de la herencia, y va dirigida en contra de quien posea en ese momento, fuere en el carácter que fuese (heredero también de derecho civil, o bonorum possessor como también un simple poseedor). Si el poseedor del patrimonio hereditario se negaba a intervenir en juicio para discutir su calidad de heredero o su derecho de propiedad sobre las cosas poseídas, el pretor otorgaba al heredero un interdicto restitutorio, interdictum quam hereditatem, para que entrara en posesión de los bienes injustamente retenidos. Por extensión, también se le otorga en contra de quien ha dejado de poseer dolosamente, transmitiendo a otro esa posesión a fin de burlar al que reclama la herencia.
En los primeros tiempos se tramitaba por el sacramentum in rem, en que los dos litigantes afirmaban ser herederos de una determinada herencia. Es posible que en la época clásica no se diera una fórmula petitoria para la reclamación, sino que se realizara por el antiguo procedimiento, normalmente mediante una sponsio, como en la reivindicatio, y ante el tribunal especial y permanente de los centumviri, hasta que se adoptó con tal fin el procedimiento de la extraordinaria cognitio.
– Esta acción es iniciada por el heredero civil, testamentario o ab intestato, quien por supuesto deberá probar su calidad de tal. Si hay mas de un heredero, el pretor le otorga la formula si pars hereditatis peatur, es decir, solo por su parte de la herencia.
– Debe ser llevada a cabo contra quien posee la totalidad o una parte de la herencia, o aun una sola cosa hereditaria que se desconozca la calidad de heredero del actor. El demandado puede posees a titulo de heredero (pro herede), es decir que se cree de buena o mala fe que es heredero, o contra el simple poseedor, es decir, poseyendo sin alegar título alguno.
-Los efectos de la acción de petición de herencia son similares a los de la reivindicación, con la excepción de que el poseedor vencido debía restituir –aun cuando fuese de buena fe- los frutos en tanto y en cuanto se hubiera enriquecido con ellos. El juez, por otra parte, está investido del poder de juzgar conforme a la equidad, con facultades más amplias de las que goza en un juicio de reivindicación.

13. LA ACCIÓN DE DIVISIÓN DE HERENCIA
Cuando existen varios herederos, la herencia permanece en principio en estado de indivisión. La comunidad formada cesa si los herederos, en forma privada, por medio de pactos, se dividen la herencia. Si ello no ocurre, cualquiera de ellos puede pedir judicialmente la partición por medio de la actio familiae eriscundae.
Como las otras acciones divisorias (actio communi dividundo y actio finium regondorum), la fórmula contiene una adjudicatio, de tal modo que lo que correspondía al juez era determinar la parte que le correspondía a cada heredero.
Con Justiniano, para a ser una acción mixta (tanto in rem como in personam), y la hace figurar entre los bonae fideio judicia.
Si se trata de una herencia testamentaria, el juez debe obedecer las asignaciones de las partes hechas por el testador. En la época justinianea, la partición efectuada en el testamento ocasionaba la atribución directa de la propiedad de las cosas asignadas, que de este modo no entraban en la comunidad. Un caso distinto ocurría cuando el padre o el abuelo divide los bienes entre los hijos y éstos aprueban y suscriben el documento (divisio inter liberos).
El juez puede atribuir las cosas en forma separada. Si eran de distinto valor, había que asignarles a uno, efectuándose las compensaciones pertinentes. Igualmente se podía ordenar la venta efectuándose la partición en cuanto al precio obtenido.
Había que tener en consideración los frutos o rentas percibidas por los herederos, así como los gastos necesarios efectuados y no distribuidos y también los daños causados a la herencia.
14. LA COLACIÓN
La colación se operaba cuando, habiendo más de un heredero, alguno de ellos se veía en la obligación de reintegrar a la masa hereditaria bienes originariamente de ésta, percibidos con anterioridad por alguno otro concepto a título gratuito, a fin de que fuesen conjuntamente repartidos con la herencia entre todos los coherederos.
Ello se operaba cuando uno de los herederos había recibido del causante donaciones (collatio bonorum), o bien una dote (collatio dotis), por consiguiente, a fin de no resultar injustamente beneficiado con una participación a titulo gratuito mayor que la de sus coherederos, debía aportar al acervo sucesorio dichos bienes, para que fuesen tenidos en cuenta al realizarse el reparto, y descontados de la porción que había de corresponderle.

15. EL DERECHO DE ACRECER
La regla vigente en materia sucesoria fue que la falta de alguna de las personas llamadas a heredar, por ejemplo, por haber muerto o haber rechazado la herencia, beneficiaba a las demás, en las mismas proporciones en que ellas habían sido llamadas a la sucesión (jus adscrecendi). Esto se opera de manera automática (ipso jure), no necesitándose que se haga una adición por parte del o los beneficiados.
Por ejemplo: Cayo, Ticio y Mevio eran herederos, los dos primeros con derecho a un 40% y el último con derecho a un 20% de la sucesión, y Ticio renunciaba a ese carácter, su parte se distribuía entre Cayo y Mevio, recibiendo el primero el doble que el segundo, por haberle correspondido en total un 40% frente al 20% de su co-heredero.
El acrecentamiento, que es el realidad un derecho a no decrecer, se operaba de pleno derecho, beneficiando asimismo a los sucesores del heredero que había hecho adición. En el ejemplo anterior, si Cayo fallecía luego de hacer recibido su adición, sus herederos eran beneficiados con el acrecimiento.

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Written by Adonisbv

enero 23, 2012 a 10:54 pm

Publicado en Uncategorized

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